El sentido se lo da usted.
La tempestad se acerca,
Ya no hay luz en tus ojos.
Solo frutos de la guerra.
Yo tenía un amigo, chiquitito, que escribía chiquilinadas:
Bitácora de un niño de plaza.
¡Oh señor tobogán! ¿Cómo haces para que mi padre no este preocupado cuando yo me deslizo por tu cuerpo? ¿Acaso es magia?
Es una mago el tobogán y todo un justiciero el “sube y baja”. Me llena de gloria cuando estoy en la cima, mientras que otro me mira, con envidia, desde abajo. ¿Y eso es justo? No si me quedara, pero es cuestión de segundos para que sea a la inversa. Y en otros nuevos instantes volvemos a invertir el rol: ¡Gloria y envidia, gloria y envidia! En esas dos palabras resumo la vida. Tanta rareza y tanto misterio no puede ser mejor resumida que en dos simples palabras.
Ahora dime, oh gran dios de la plaza en la que soy yo. ¿Por qué te amo? ¿Por qué nunca quiero irme y siempre quiero volver?
Ya no digas nada. Tus árboles han hablado por ti.
¡Vaya problema! Don sol se ha ido y mi cuerpo siente frío. Es hora de que mi padre y yo marchemos (mis amigos ya lo han hecho).
Pero no me entristezco, sé que mañana volveré.
Hasta mañana y gracias. Las tonterías las aprendo en el jardín. Lo que realmente debo saber lo aprendo en la plaza.


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