domingo, abril 30, 2006

V de Vagancia.

"Si creéis que ahorcándonos podéis acabar con el movimiento obrero... el movimiento del cual los millones de oprimidos, los millones que laboran en la miseria y la necesidad esperan su salvación, si ésta es vuestra opinión, ¡entonces ahórcanos! Aquí pisoteáis una chispa, pero allí y allá, detrás de vosotros, frente a vosotros, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterráneo. No lo podréis apagar".


Todo comenzó en noviembre de 1884. Se llevo a cabo el IV Congreso de la American Federation of Labor, en Chicago.
Allí se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886, obligar a los patrones a respetar las 8 horas de trabajo diarias.

E 1º de mayo de 1886 el Presidente, Andrew Jonson, promulgó la Ley Ingersoll. Para que por ley, los trabajadores, trabajen 8 horas diarias.
Pero como aquí y en todos lados, la política no es quien dice las reglas, sino que lo hacen los dueños de empresas y fabricas. Esta ley no se cumplió.

Nuevamente, como aquí y en todos lados, cuando algo que debería cumplirse no se cumple, aparecen las santas manifestaciones.
Ese día hubo 5 mil huelgas en EEUU, y en una de ellas, tiraron alguna bomba por allí y mataron a un par de policías.

Y por ellos es que, en memoria de estos hechos, el 1º de mayo es el día del trabajo.

De todos modos a lo que iba es que si me entendías.

¿Entendes ahora por que yo no trabajo?

Haber si un día de estos, por trabajar, me tiran una bomba y vuelo en pedazos.

Me gustaría una muerte más bonita. Por eso. Claro.